jueves, 1 de julio de 2010

Prostitución turística

Una variante del escenario con exceso de inmigrantes masculinos se observa cuando se dan desequilibrios de género no por efecto de las migraciones sino por movimientos transitorios asociados a la actividad portuaria o turística. En el siglo XVIII en Cádiz “el aumento de la actividad portuaria (por la introducción de barcos de mayor tonelaje que ya no llegaban a Sevilla) y financiera trajo un inmediato incremento de la prostitución. De siempre se ha sabido que los puertos son lugares perfectos para el amor mercenario: ¿Dónde si no se encontrará un continuo enjambre de hombres con dinero fresco y pocos días para gastarlo, tras la sequía amorosa de las largas travesías?” (García 2002 p. 11).

La noción del turismo sexual no es tan reciente como parece. Sereñana, un higienista catalán que escribe a finales del s. XIX menciona como antecedentes de la prostitución en Suiza, en el siglo XV, el familiar escenario del viajero que compra servicios sexuales: “la prostitución, en Berna, empezó primitivamente en los establecimientos balnearios, a los cuales concurrían gran número de extranjeros" (Sereñana 1882 p. 36)

Por lo general se trata de flujos de hombres y la lógica de la prostitución se asocia con el ocio, lo lúdico, el pasárselo bien. Chris y Hall (2001) señalan que por mucho tiempo el turismo fue fundamentalmente una actividad masculina. Aún cuando, introducido el turismo de masas, a mediados del siglo XIX, las mujeres empezaron a viajar, inicialmente se hacían viajes con chaperones para protegerlas de eventuales ataques, o de la violencia sexual. De todas maneras, continúa siendo una actividad que, cuando no es en familia, se emprende en grupos segregados por género. En República Dominicana, los clientes en una encuesta realizada a prostitutas jóvenes eran mayoritariamente hombres (90%) aunque en Puerto Plata predominaban clientes mujeres entre los varones que venden servicios sexuales. (OIT-IPEC 2002). Para ciertos destinos persiste el sesgo masculino. De acuerdo con datos de la CEPAL, en Cuba en el año 2000, por ejemplo, el número de turistas hombres entre 25 y 60 años fue el doble del de mujeres en el mismo rango de edad. Sólo recientemente aparecen referencias de mujeres que pagan a hombres por servicios sexuales en el contexto de un viaje turístico.

El sexo hace parte integral del mercadeo del turismo hacia ciertos lugares. En 1995 la revista italiana Viaggare declaró que Cuba era el “paraíso del turismo sexual”. Al año siguiente, el incremento de turistas italianos a la isla fue del 68%. (Trumbull 2001 p. 358). y, en los lugares exóticos, la línea que separa la venta de servicios sexuales de la rumba, del interés por lo ecológico, o del simple flirteo se hace tenue. “¿Qué es lo que pasa en los barcos (cargueros que llegan a algún puerto en el Caribe)? Son fiestas, con música, mucha bebida y comida, y sexo en todos lados … Para algunas mujeres es una oportunidad para ganarse un dinerito, para otras es más bien un ambiente de mucho festejo y éstas rechazarían rotundamente la etiqueta de prostituta …Turistas ecológicos también buscan sexo con personas percibidas como más naturales, más cerca de la tierra; guías maya incluyen romance en la excursión por los monumentos, y algunas ceremonias pueden incluir ritos sexuales …” (Agustín 2004 pp. 183 y 186). Este escenario del turismo sexual sería propicio para describir la prostitución en lugares como Tailandia, las Filipinas o, en América Latina, Cuba, Brasil y en República Dominicana. La situación se caracteriza por una abismal disparidad en el poder de compra entre los clientes y quienes venden servicios sexuales.

Sobre las dos oleadas de la prostitución en Cuba, la primera bajo el régimen de Batista y la segunda durante los noventa tras el apretón económico a raíz del desplome soviético, Trumbull (2001) hace algunas precisiones. En primer lugar, antes de la revolución, la mayor parte de las mujeres que vendían servicios sexuales en Cuba encajaban bien en el esquema de la mujer campesina que migra a la Habana en busca de oportunidades. Segundo, a pesar de la reputación de la Habana como un gran Casino en dónde desembarcaban los hombres de negocios y turistas estadounidenses, o de íconos como el Tropicana, el grueso de la clientela de las prostitutas seguía siendo local. Luego de su virtual eliminación por parte del régimen socialista, a la segunda oleada, caracterizada por las llamadas jineteras, contribuyó no sólo el impresionante incremento del sector turístico –desde 1995 cerca del 19% al año- sino las reformas cambiarias. Recibir pagos en divisas implica, en un mercado en extremo restringido, un enorme poder de compra, y por lo tanto un altísimo precio por la venta de servicios sexuales.

Bajo el escenario del turismo sexual, el papel de los intermediarios tampoco resulta fundamental. Incluso la tarea de mercadeo no requiere de altos niveles de organización y puede surgir espontánea e informalmente. La prostitución también se ejerce de manera independiente, es menos clandestina, y tampoco requiere esfuerzos especiales de protección. “En Cuba no hay una red de burdeles, ni un sistema organizado de prostitución en los bares: de hecho la vinculación de terceros en la organización de la prostitución es rara” (Davidson, Julie (1996) “Sex Tourism in Cuba.” Race and Class 38. July 1996 citada por Trumbull 2001 p 359). En República Dominicana, “mientras las niñas y adolescentes involucradas en prostitución tradicional (en burdeles) eran introducidas a esta práctica por amigas, los niños y adolescentes en neoprostitución (en calles, parques, playas y discotecas) se iniciaban más temprano y buscaban a sus clientes por sí mismos desde sus inicios en la prostitución” (OT-IPEC 2002 p. 15).

Puesto que la línea que separa el comercio sexual de la rumba o el galanteo es tenue los contactos y arreglos para impulsar el comercio sexual no son ilegales, y pueden estar dentro de los círculos cercanos a quien se ofrece. En República Dominicana, “quienes más influencia tienen en inducir a los menores de edad a las prácticas sexuales comerciales son los amigos y amigas. La cuarta parte de la población estudiada (25.4%) obtuvo su primer cliente a través de un amigo o amiga. La proporción de casos en que el primer intercambio de favores sexuales por dinero o regalos fue intermediado por otra persona, en términos promedios, es de apenas 10.2%. Sin embargo, cuando se trata del sexo femenino es de alrededor de 15% (14.5%). Esas otras personas que fungen como intermediarias en esa primera vez son fundamentalmente la pareja, dueños de negocios y personas conocidas.” (OIT-IPEC p. 118).

Los sitios en dónde se concentran los turistas se convierten en los lugares señalados para los intercambios. El hecho que quien vende servicios sexuales actúe de local frente a un extranjero de paso sin vínculos establecidos en el lugar puede explicar la mayor seguridad para ejercer el oficio. Como los lugares de recepción del turismo se benefician del influjo de divisas, cabe esperar poco rechazo, social o legal, hacia un oficio que refuerza la actividad económica.